domingo, 21 de febrero de 2010

Duda

Después de tanto tiempo pensando
Me encuentro aquí otra vez caminando
Meditando
Resolviendo problemas de antaño
Intentando


¿Cómo llegamos?
¿Cómo, después de todo lo que pasamos?
¿Cómo es que lo logramos?

Divagando, imaginando
Que algo imposible es sino algo jamás vislumbrado

Tanto tiempo y aún cavilando
Aún soñando
Despertando

Seguros, jamás hemos estado
impacientes tratamos
Luchamos y nos forjamos
Seguros, es lo añorado
Es lo deseado
Seguros, es lo que aún no hemos alcanzado

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Fe

Es no saber donde estás
Pero saber que estás viva
Es llegar tarde
Pero saber que te encontraré
Es saber que ya no estás
Pero igual vos continuás
Vos continuás.
Es esperar; que aún te encontraré
Por más que todos me digan
Que ya no estés
Que ya no estés
Es no empezar a llorar
Por algo que nunca ocurrirá
Porque sé jamás me abandonarás
Porque sé que a mi lado
Siempre estarás
Todavía en la tenue lluvia
De cálido aroma húmedo
Sabor tierra
Que por dentro se apodera
Y me encierra
En la viva imagen
Que jamás envejecerá
En este camino
Poblado de sequedad
No me invade la soledad
Porque sé
Porque sé
Porque sé
Que contigo puedo contar
Contigo puedo
Puedo cantar.

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sábado, 13 de febrero de 2010

Hasta que…

“A veces me pregunto
Cómo es que aún vivo,
Cómo es que aún respiro,
Cómo, a través del tiempo
He sobrevivido.”


A lo largo de estos largos años
He amado, he sufrido, he reído
He hecho y me han hecho daño
Pero jamás me he dado por vencido



He tenido sueños y aún los tengo
Música, paseos, lluvias, corazones abiertos;
Una travesía por vastos y resecos desiertos
Y he vuelto, he vuelto.
Por eso entiendo lo de tu inseguridad
Cuando dentro de ti comienzas a escuchar, observar.



Todos los días y hoy en especial
Quiero recordarte el valor de la edad
¡Cómo da gusto mirar atrás y regresar!
Encontrar unos ojos que te anhelan en cada mirar



Testigos de tu enorme, privado universo
Descubriendo tu ser en tan sólo un momento
Desentrañándolo, profanándolo por completo
Hasta que pueden ver
Que en tu ser
Hay algo mágico, pero cierto
Y hoy ves
Por qué sobrevives
Por qué lo has hecho
Y lo seguirás haciendo:
Por ti
Por todo lo que yace dentro
Por lo que aún no viviste
Por lo que aún no has descubierto
Por ese alguien que todavía esperas
Por ese alguien que ya has descubierto
Y lo seguirás haciendo
Hasta que ya no haga falta el aliento.

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viernes, 12 de febrero de 2010

Antes de que te vayas

Tenía un puñado de preguntas
Para hacer antes de que te fueras,

Una cumbre de esperanzas
Que contrastaba con el firmamento
A veces poblado de estrellas

Un bosque de vida
Donde se forjaban mis sueños
Que vaticinaban mi camino
Y me aconsejaban en mi destino

Un lecho en las nubes altas
Donde podía contemplarte
A donde podía llevarte

Hoy tengo todo eso
Más todo lo que me enseñaste
Los buenos momentos
Y éste en el que partes

Por todo lo que tuve
Y lo que aún tengo
Lo que me regalaste
Y lo que me quitaste
Te regalo algo
Que también es tuyo
En su argumento.
Y sólo por si acaso
Decir cuanto lo siento.

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jueves, 11 de febrero de 2010

Vida

A mi vida

Que puede o no

Ser por todos conocida

Que puede ser única y desconocida

A la de alguien parecida

Aunque no la misma

No la misma, mi vida

Eterna, continua, desapercibida

Callada, hablada, compartida

Sí, esa misma, inhibida

Cohibida, prohibida, asida

Dentro, no fuera, amiga

Callada, siempre comprometida

A mi vida

La espero

Junto a ti

Para hallarle una salida

De por vida


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miércoles, 10 de febrero de 2010

Buscar

¿Cuál sería el misterio?
si todas las cosas se te dieran
obtener un trabajo serio
y hacer lo que otros quisieran

¿Cuál es la ventaja?
de no saber el destino
de cada tren que te bajas
cuando aún le falta camino

Qué es ésto llamado oportunidad
que abre fronteras para caminar
no tienes que andar con celeridad
cuando hay lugares para visitar

Hacia dónde van a soplar
los vientos del azar
a dónde te van a llevar
¿te podré acaso encontrar?

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martes, 9 de febrero de 2010

Progreso

El hombre iba construyéndose lentamente; aunque todos querían que diera el gran salto y terminara de una vez por todas. Él los veía como seres sin terminar, retazos de intentos por no tener el temple ni la paciencia necesaria para esperar. Querían el gran día amanecer al siguiente. Pero eso no ocurre. Él lo sabía, no con certeza, pero lo intuía.

No había acumulado riquezas. Sólo un puñado de sueños y esperanzas que lo acompañaban en sus solitarios viajes en busca de un futuro. No tenía un trabajo digno; no trabajaba para el estado, no prestaba servicios, ni pasaba sus largas horas en una fábrica produciendo.

Pasaba sus largas horas leyendo libros, que eran parte de su herencia, que su abuelo había adquirido en épocas, según decían, mejores. Su padre sólo los había conservado.

El hombre se llamaba Alberto. No era su fuerte la elocuencia, al menos no al hablar. Sí cuando escribía.

Alberto creció en un pueblo del interior. Los periódicos de la época habían descuidado por completo las letras, dedicándose al mundano chusmerío de pueblucho. Ni siquiera estaba dirigido por personas de estirpe, mucho menos idóneas para la difícil tarea de culturalizar; el periódico era una mera burda copia de los medios masivos de comunicación, vacuos de contenido, llenos de palabras inocuas, y no satisfacían ni lo uno ni lo otro.

Cuando miraba en derredor, veía como sus compañeros estaban casados, ya criando a la próxima generación, mientras el se encontraba atascado en dilemas filosóficos que poco interesaban a la sociedad. Buscando una verdad lo suficientemente sustentable como para contarla. Pero en vano eran sus desvelos. No hallaba nada. Ni siquiera un indicio que arrojara algún tipo de luz sobre el velo inaccesible de algún tipo de objetivo factible de ser perseguido. Realmente estaba zozobrando en aguas donde, mucho peor que tempestuosas, no soplaba viento o brisa alguna.

Con los años aprendió a subsistir con un trabajo que no le quitaba muchas horas de su vida, y así logró tener un sueldo para comer y proseguir sus indagaciones en los confines del conocimiento humano.

Una década había pasado cuando, por un instante, vislumbró una imagen amorfa. Diez años más transcurrieron hasta que consiguió aislarla en cuatro pilas de papel que se elevaban hasta casi tocar el cielorraso.

Al cumplir los cincuenta, continuaba habitando en una habitación de no más de cuatro metros cuadrados con un baño. Lejos había dejado la riqueza que su familia le había dejado. Pero su mirada se ponía en el cielo, nunca en la tierra.

Hubo de pasar algún tiempo más hasta que comunicó su verdad. Después de haber, prolijamente, revisado todos sus artículos, se dirigió hacia una editorial con la esperanza de que los publicaran.

Resultó ser que nadie conocía al pobre tipo. Pero lo mismo aceptaron leer los escritos y comunicarle su decisión en tres semanas.

Ansioso esperó tres, cuatro, cinco semanas. Finalmente llegó la decisión del editor de la prensa gráfica. Todos los artículos habían sido escritos con una rigurosidad y prolijidad gramatical asombrosa, pero el contenido no estaba claro del todo. Así que habían decidido posponer su publicación hasta nuevo aviso.

Con el tiempo los ángeles vinieron a buscar a Alberto, y sin mucho protocolo lo llevaron a tierras más propicias.

Sus artículos fueron publicados póstumamente; tres siglos más tarde, cuando un editor afanoso en la búsqueda de material sepultado en las imprentas de antaño, descubrió su trabajo. Era casi imposible creer que una persona que había existido tres siglos antes, hubiese podido escribir sobre cosas que recién tres siglos después estaban siendo apuntaladas con trescientos años de ciencia empírica. Y así surgieron dudas sobre la autenticidad de los escritos. Muchos eruditos estudiaron y sobre estudiaron las ideas, y llegaron a la decisión unívoca e inequívoca que no era posible que una sola persona hubiese, sola, podido jamás lograr desarrollar ideas de tal envergadura.

Sus escritos se publicaron bajo el título de "Trescientos Años Desaparecidos: lo que nuestro pueblo dejo en el pasado."





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